EL TRABAJO INFANTIL
Franelitos de Huaycán
Una triste realidad
Por: Luis Quispe
La era de la modernidad del cual somos participes, no ha logrado menguar los problemas de antaño. Hoy somos participes de una sociedad con diferentes parámetros de comportamiento obligado. Estos esquemas van desarrollados al ritmo del poder económico particular. Por ejemplo, quien tuvo la suerte de nacer en el seno de un hogar en el que siempre le prodigaron amor y cariño, indudablemente será el modo en el cual direccione su vida futura.
Pero la realidad no es igual en todos los lugares, existen dramáticos casos de abandono moral y pobreza, en el cual los niños son los más perjudicados. Porque la formación de sus mejores años, en donde el patrocinio debería ser el cultivo de buenas normas, para ejercer una vida productiva en su adultez y, estas se aprenden solo en la infancia.
Esta realidad palpable se manifiesta en el testimonio de los mismos choferes y el controlador de las unidades de transporte. Dicen que estos pequeños niños se inician limpiando carros desde muy tierna edad, luego al llegar a la adolescencia se convierten en cobradores y, posteriormente al cumplir sus dieciocho años sacan su brevete, para convertirse en choferes.
Es fácil deducir que debido al contexto en el cual crecen, muchas veces dejan de lado la prioridad del estudio, influenciados por el maquiavélico poder que ejerce el ganarse unas monedas a temprana edad.
Sin duda las actitudes violentas de los choferes, (que es motivo frecuente de los reproches del público), tienen en parte las causas del origen en una niñez carente de cariño, cuyo único consuelo encuentran, entre las labores infantiles que realizan.
Indudablemente aprenden ahí los códigos de la calle.
FIN





